Guardia Civil e Institutos de segunda enseñanza son dos instituciones que tienen en común el haber nacido casi simultáneamente entre los años 1844 y 1845.
La Guardia civil tiene su origen en los problemas de seguridad existentes, sobre todo en el ámbito rural, tras el fin de la Primera Guerra Carlista. La necesidad de crear una fuerza armada, al estilo de la gendarmería europea, tomo naturaleza jurídica por medio de un Decreto de seguridad pública de 26 de enero de 1844 aunque fue por Real Decreto de 28 de marzo de ese mismo año cuando se creó el cuerpo de la Guardia Civil.
Al asumir Narváez las tareas de gobierno encargó a Francisco Javier Girón y Ezpeleta, II duque de Ahumada, la reorganización del cuerpo. Fue a través de un Decreto de 13 de mayo de 1844 cuando se detalló la doble dependencia, del ministerio de la Guerra y del de Gobernación, de la Guardia Civil.
Posteriores Decretos, de octubre de 1844, aprobaban el Reglamento para el Servicio de la Guardia Civil y el Reglamento Militar. Faltaba, sin embargo, una filosofía de servicio que uniera ambos reglamentos y que diferenciara a la Guardia Civil de otros cuerpos, nació así, el 20 de diciembre de 1845, de la propia mano del Duque de Ahumada, un documento que, sintetizando los reglamentos anteriores, venía a constituir el auténtico código moral de la Institución, “la Cartilla del Guardia Civil”. Con alguna modificación, constituye el actual Reglamento para el Servicio de la Guardia Civil.
Por estas mismas fechas, concretamente el día 22 de octubre de 1845, veía la luz una Real Orden, impulsada por el ministro de Gobernación Pedro José Pidal, por la que se reorganizaban las Universidades existentes en España y se creaban los Institutos Provinciales de Segunda Enseñanza. El llamado “Plan Pidal” implicaba la creación de un Instituto por provincia que, en aquellas donde no existía Universidad, suponían la más alta instancia educativa.
De acuerdo con la mencionada ley, al año siguiente empezaba a desempeñar su tarea educativa el Instituto Provincial de 2ª Enseñanza de Burgos. En un principio dicha institución debería haber prestado sus servicios en el antiguo Colegio de San Nicolás, pero el estado de deterioro en que se encontraba tras las distintas funciones a las que había sido destinado, obligaron a impartir las clases durante los primeros años en el vecino edificio del Seminario de San Jerónimo. En el año 1849, tras las obras del remodelación del antiguo Colegio de San Nicolás, se reanudó la actividad docente que se mantendría hasta el año 1967 en que el Instituto Masculino se trasladó a un nuevo edificio construido en las inmediaciones de la Avenida del General Vigón, el actual Instituto Conde Diego de Porcelos, y se creó un nuevo Instituto Femenino que ocupó el edificio del antiguo Colegió de San Nicolás, el actual Instituto Cardenal López de Mendoza.
Desde aquellas lejanas fechas de su creación hasta nuestros días ambas Instituciones, Guardia Civil e Institutos de Enseñanza, han venido demostrando su auténtica vocación, servir a los demás, aunque en algunas ocasiones no siempre haya sido bien entendida.
Si el honor es la principal divisa del Guardia Civil, el valor demostrado por los miembros de esta Institución en Burgos para organizar una exposición sobre la Historia de la Guardia Civil, en momentos económicos tan difíciles, es digno de encomio.
Desde el Instituto Conde Diego Porcelos hemos querido contribuir, aunque sea de forma modesta con unas pocas fotografías de nuestro Fondo Histórico, a que dicha iniciativa sea todo un éxito y sirva para acercar a burgaleses y forasteros las diferentes actividades realizadas por la Guardia Civil desde sus orígenes.
El Archivo fotográfico del Instituto puede decirse que es casi tan antiguo como el propio Centro y hunde sus raíces en los albores de la fotografía. Apenas había transcurrido una década desde que el investigador francés L. Daguerre divulgara a nivel mundial el procedimiento al que da nombre (daguerrotipo, 1839), auténtico punto de partida de la fotografía, cuando se adquirió, para el Gabinete de Física del Instituto, una “cámara oscura” (1850) que permitía ya llevar a cabo las primeras investigaciones sobre el ennegrecimiento de las sales de plata.
El estereoscopio, es decir, el aparato que nos presenta a partir de dos fotografías una doble imagen que, sin embargo, se mezcla en nuestro cerebro como una sola, fue inventado por Sir Charles Wheatstone hacia 1841. Muy pronto se divulgó su uso, sobre todo, entre fotógrafos aficionados y pocos años después, concretamente en 1857, se adquirió en Paris, para el Gabinete de Física del Instituto, un estereoscopio y una colección de veinticuatro fotografías tal y como aparece recogido en diferentes inventarios.
Desde prácticamente su invención la fotografía se convirtió en un magnífico instrumento para reproducir la realidad. A su indudable interés documental se sumó, desde muy pronto, la posibilidad de llevar a cabo una sistemática documentación de monumentos, obras artísticas o restos históricos, siendo numerosas las instituciones de carácter público o las sociedades científicas y culturales que vieron las extraordinarias posibilidades que ofrecía esta nueva tecnología.
La adquisición por el Centro de este novedoso material relacionado con la fotografía nos pone de manifiesto el interés existente por incorporar en las tareas educativas estos nuevos avances. Cronológicamente coincide con la llegada a España de fotógrafos procedentes de Inglaterra, como Charles Clifford quien realizó álbumes de fotografías coincidiendo con los viajes de los Reyes en 1862.Y, sobre todo, de Francia, como Jean Laurent quien se instaló en Madrid en los primeros años de la década de 1860 y realizó viajes por distintos ciudades y pueblos de la Península, incluida la ciudad de Burgos, fotografiando monumentos pero también sus tipos y costumbres. Anne Tiffon, más conocida como Anne Napoleon, abrió junto a su marido, Antonio Fernández, una tienda de fotografía en Barcelona en 1853 y, posteriormente, en 1879 otro estudio en la calle Príncipe de Madrid. Estos fotógrafos contribuyeron, al recorrer con sus cámaras muchos lugares de nuestra geografía, a divulgar la técnica fotográfica y con ellos la fotografía se convirtió en un excepcional testigo de los avances de las nuevas tecnologías que supusieron, en muchos casos, una profunda transformación del paisaje.
Por un lado surgieron, en muchos pueblos y ciudades, fotógrafos profesionales que hicieron de la fotografía su forma de vida y su negocio, ya fuese abriendo estudios o recorriendo, a veces por encargo de las principales fototipias, diferentes lugares para plasmar la realidad urbana y rural, los monumentos, los tipos humanos o las fiestas y costumbres. Casiano Alguacil, en Toledo; Ramón Almela o Manuel Fernández, en Sevilla; V. Cerezo, en Huelva; Pascual Rey, en Ferrol; G. Luzzatti en Ponferrada; Torres en Tarragona; o los burgaleses Ramón Fernández y Alfonso Vadillo, son algunos de estos profesionales cuyas instantáneas se conservan en el Archivo fotográfico del Instituto.
Por otro lado, los avances técnicos que en el campo de la fotografía se fueron sucediendo a lo largo de los últimos años del siglo XIX y primeros del XX, popularizaron esta técnica y permitieron acceder a ella a muchos fotógrafos aficionados que también nos han legado su particular visión de la realidad de la época a través de sus cámaras.
Uno de esos fotógrafos aficionados fue Isidro Gil Gavilondo, nacido en Azoitia en 1843 y que falleció en Burgos el día 22 de marzo de 1917. Fue pintor, dibujante, historiador, abogado, ilustrador, escritor y, también, profesor de dibujo en el Instituto.
En 1858 comenzó sus estudios universitarios en la Universidad Central de Madrid, licenciándose en Derecho Civil y Canónico en 1865. Terminados sus estudios se afincó en Burgos donde, en 1875, solicitó una plaza como profesor en la Academia de Dibujo.
Por esas mismas fechas debió incorporarse como profesor de dibujo en el Instituto Provincial de 2ª de Enseñanza de nuestra ciudad. Lo cierto es que las noticias sobre su actividad como docente en el Centro no son muy abundantes, pues el dibujo no fue una asignatura obligatoria hasta algunos años después, pero el ejercicio de la docencia debió servirle para entablar una fecunda relación con algunos de los personajes más destacados de la vida intelectual burgalesa que impartían sus clases en el Instituto.
Asimismo, fue nombrado Secretario del Ayuntamiento de Burgos y, gracias a sus amplios conocimientos de Arqueología e Historia, se ocupó de la vicepresidencia de la Comisión Provincial de Monumentos. En 1892, fue nombrado Director del Museo de Bellas Artes de Burgos, localizado por entonces en el Arco de Santa María, cargo que ocupó hasta 1897.
Por lo que respecta a su faceta artística, Isidro Gil cultivó la práctica totalidad de los géneros, temas y técnicas, enmarcándose dentro del realismo y el costumbrismo. Participó en varias Exposiciones Nacionales de Bellas Artes obteniendo varios premios en las mismas.
El mayor reconocimiento artístico le llegó, sin embargo, como dibujante. Tarea en la que obtuvo gran reconocimiento por su colaboración en varias revistas de la época, en especial, con “La ilustración Española y Americana”.
Sus inquietudes artísticas le llevaron a interesarse por todo tipo de manifestaciones culturales, entre las que adquiere, especial importancia, la recién nacida fotografía. Por las inmensas posibilidades que ofrecía esta nueva técnica de reproducción de la realidad debió sentir, desde muy pronto, gran interés pues utilizó la misma como un instrumento para desarrollar su actividad como ilustrador y dibujante, pero también, para plasmar, a través de numerosas instantáneas, sus actuaciones profesionales como miembro de la Comisión Provincial de Monumentos pero, también, su vida privada.
Tras la muerte de Isidro Gil, sus herederos donaron al Instituto los negativos de vidrio que a lo largo de su vida había ido realizando y la colección de fotografías de papel que utilizaba en sus clases para enseñar a dibujar a sus alumnos.
En sesión de Claustro de profesores del Instituto, celebrada el día 3 de mayo de 1917, el director en su nombre y en el de todos los profesores expresaba su gratitud a la familia de Isidro Gil por la donación al Centro de tan importante legado.
El Archivo fotográfico del Instituto Conde Diego Porcelos fue creándose y enriqueciéndose al calor de unas necesidades esencialmente didácticas que se relacionaban con los distintos campos del saber que se impartían en el mismo. Sin embargo, desde muy pronto fueron incorporándose al Fondo, sobre todo a través de legados y donaciones, otros tipos de materiales, ya fuesen en soporte papel o vidrio, que incluían una serie de temas muy variados que iban desde paisajes naturales hasta retratos de tipos humanos bien representando algún oficio, costumbres, fiestas o manifestaciones folclóricas.
Estamos, pues, ante un Archivo fotográfico que, aparte de su extraordinario valor histórico y didáctico, constituye un magnífico escaparate de la monumentalidad burgalesa, española y, en algunos casos, europea y un testimonio visual, fidedigno y contemporáneo de algunos de los hechos y acontecimientos más relevantes de la Historia reciente de Burgos.
Algunas de estas instantáneas tienen como elemento central la labor de la Guardia Civil, ya sea rindiendo honores en una procesión o manteniendo el orden, queremos que las mimas sirvan como modesta contribución del Instituto a una extraordinaria exposición que pretende acercarnos a los orígenes de tan importante Institución.